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Lo que duele no saber, lo que me toca sostener


“Me fui apagando intentando entender por qué nunca lograba sentirme realmente amada ni realmente viva.”



Tal vez fue poco a poco, entre relaciones que nunca me dieron paz, entre personas que me quisieron a su manera mientras yo intentaba adaptarme para no perderlas. Entre promesas vacías, explicaciones innecesarias y el agotamiento de sentir que siempre tenía que sostener emocionalmente algo que nunca terminaba de hacerme sentir segura.


Estoy cansada...


Cansada de no saber si realmente amo o si solo aprendí a quedarme por costumbre, miedo o culpa. Cansada de cuestionarme todo el tiempo, de no entender qué está roto dentro de mí, de sentirme incapaz de conectar completamente con alguien mientras por dentro me voy vaciando más y más.

Y lo peor es que ya ni siquiera sé cómo sentirme viva.

Porque empecé a sobrevivir anestesiándome para callar la mente, para no pensar tanto. Buscando cualquier cosa que me desconectara unas horas de este vacío constante que me persigue incluso cuando estoy acompañada.

Y eso también me agotó...

Me agotó desperdiciar tiempo intentando no sentir. Me agotó fingir tranquilidad mientras por dentro me sentía perdida. Me agotó tener que explicarme para darle calma a otros mientras yo nunca encontraba la mía.

Tengo miedo de la soledad, sí. Pero también descubrí que muchas veces me sentí más sola estando con alguien que estando realmente sola conmigo misma. Y eso destruye algo por dentro.

Porque yo no quería promesas románticas ni palabras enormes para que me aseguraran. Quería sentir que alguien realmente se la jugaba por mí. Quería sentir conexión, paz, presencia real. No migajas emocionales disfrazadas de amor.

Y quizás el problema sí soy yo. Quizás llevo tanto tiempo rota emocionalmente que ya no sé cómo abrirme sin sentir miedo o vacío. Pero estoy cansada de seguir culpándome mientras intento sostener historias que nunca terminan de sentirse reales.


Así que esta es mi despedida.


No sé si de la vida y de esta versión de mí que lleva años sobreviviendo cansada, anestesiada y confundida.

Me despido de la necesidad de quedarme donde no siento paz.

De seguir entregándome a medias por miedo a estar sola.

De apagar mi mente con tal de soportar el vacío.

De seguir esperando que alguien haga por mí lo que nunca hicieron.

Porque ya no puedo más con este peso.

Y aunque no tenga respuestas, aunque siga rota y confundida, al menos hoy tengo claro algo: ya me cansé de vivir sintiéndome ausente dentro de mi propia vida.

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