A veces siento que me estoy enloqueciendo.
No es que oiga voces o me pierda del todo, pero sí siento que hay partes de mí que se contradicen, que cambian sin avisar, que se cansan de todo sin motivo claro. Un día quiero todo, al otro, nada. Me entusiasmo y al rato me paralizo.
No sé si es confusión o miedo. No sé si soy yo… o algo dentro que ya no sé cómo ordenar.
Salir de mi zona de confort parece una meta gigante. Me lo repito: “tenés que avanzar”, pero mi cuerpo se resiste, mi mente sabotea, y mi ánimo se desploma sin darme tregua.
Siento que cada paso implica una batalla interna. Como si yo misma me boicoteara sin querer.
Y en medio de todo eso, me pregunto:
¿Cuál de todas estas versiones soy realmente?
Estoy cansada de vivir en guerra conmigo.
De no saber si la indecisión es inseguridad, trauma, o solo parte de estar sobreviviendo.
Y lo peor es que, a veces, ya no sé qué quiero. Porque quise tantas cosas para encajar, para complacer, para parecer “correcta”, que me perdí en el camino.
Tal vez no me estoy enloqueciendo. Tal vez solo estoy buscando paz, después de tantos años de adaptarme a un mundo que nunca me preguntó cómo me sentía.
Tal vez esta confusión es el ruido que queda cuando el alma pide algo diferente… aunque todavía no sepa qué.

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