Es una defensa
…porque esconder lo que sentimos nos protege. Porque a veces hablar del dolor significa exponernos, y quizás no queremos que nos vean frágiles, o peor, que no sepan qué hacer con eso. Fingir que estamos bien, o mantenernos en silencio, es una forma de controlar lo que mostramos y evitar nuevas heridas.
Es la coraza que armamos para no quebrarnos frente a los demás… para no decepcionar, no incomodar, no mostrarnos tan rotas como nos sentimos.
Pero también puede ser un alivio
…porque a veces, guardar lo que sentimos nos da una pausa. No todo el mundo merece o sabe recibir lo que nos duele. Hay días en los que callar es lo único que nos permite seguir.
La contradicción es real: lo que te protege también te pesa. Y por eso esa pregunta ¿Es una defensa o un alivio? es tan poderosa. Porque no tiene una sola respuesta… cambia según el día, según el miedo, según el cansancio.
“Cómo estoy… no sé decirlo sin romperme”
No sé cómo responder. No porque no tenga nada que decir, sino porque tengo demasiado. Porque abrir la boca es como abrir una compuerta que contuve por años. Y no quiero llorar otra vez frente a alguien que no sabrá qué hacer con mi silencio quebrado.
Así que sonrío. Digo "bien", o cambio de tema, o hago una broma. Me vuelvo experta en disfrazar el peso que cargo. Pero por dentro, duele. Por dentro grito.
A veces me rompo sin querer. A veces esa pregunta tan simple —"¿cómo estás?"— se convierte en un espejo que me devuelve todo lo que no he sabido sostener. Y yo solo quisiera poder decirlo sin colapsar. Quisiera poder ser sincera sin sentirme débil. Pero me cuesta.
Porque nadie me enseñó a hablar de mi dolor sin miedo. Solo aprendí a guardarlo.

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