Ir al contenido principal

Es una defensa o un alivio?



Es una defensa
   …porque esconder lo que sentimos nos protege. Porque a veces hablar del dolor significa exponernos, y quizás no queremos que nos vean frágiles, o peor, que no sepan qué hacer con eso. Fingir que estamos bien, o mantenernos en silencio, es una forma de controlar lo que mostramos y evitar nuevas heridas.
Es la coraza que armamos para no quebrarnos frente a los demás… para no decepcionar, no incomodar, no mostrarnos tan rotas como nos sentimos.

Pero también puede ser un alivio
   …porque a veces, guardar lo que sentimos nos da una pausa. No todo el mundo merece o sabe recibir lo que nos duele. Hay días en los que callar es lo único que nos permite seguir. 

   La contradicción es real: lo que te protege también te pesa. Y por eso esa pregunta ¿Es una defensa o un alivio? es tan poderosa. Porque no tiene una sola respuesta… cambia según el día, según el miedo, según el cansancio.


“Cómo estoy… no sé decirlo sin romperme”

No sé cómo responder. No porque no tenga nada que decir, sino porque tengo demasiado. Porque abrir la boca es como abrir una compuerta que contuve por años. Y no quiero llorar otra vez frente a alguien que no sabrá qué hacer con mi silencio quebrado.
Así que sonrío. Digo "bien", o cambio de tema, o hago una broma. Me vuelvo experta en disfrazar el peso que cargo. Pero por dentro, duele. Por dentro grito.

A veces me rompo sin querer. A veces esa pregunta tan simple —"¿cómo estás?"— se convierte en un espejo que me devuelve todo lo que no he sabido sostener. Y yo solo quisiera poder decirlo sin colapsar. Quisiera poder ser sincera sin sentirme débil. Pero me cuesta.

Porque nadie me enseñó a hablar de mi dolor sin miedo. Solo aprendí a guardarlo.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Lo que duele no saber, lo que me toca sostener

“Me fui apagando intentando entender por qué nunca lograba sentirme realmente amada ni realmente viva.” Tal vez fue poco a poco, entre relaciones que nunca me dieron paz, entre personas que me quisieron a su manera mientras yo intentaba adaptarme para no perderlas. Entre promesas vacías, explicaciones innecesarias y el agotamiento de sentir que siempre tenía que sostener emocionalmente algo que nunca terminaba de hacerme sentir segura. Estoy cansada... Cansada de no saber si realmente amo o si solo aprendí a quedarme por costumbre, miedo o culpa. Cansada de cuestionarme todo el tiempo, de no entender qué está roto dentro de mí, de sentirme incapaz de conectar completamente con alguien mientras por dentro me voy vaciando más y más. Y lo peor es que ya ni siquiera sé cómo sentirme viva. Porque empecé a sobrevivir anestesiándome para callar la mente, para no pensar tanto. Buscando cualquier cosa que me desconectara unas horas de este vacío constante que me persigue incluso cuando estoy ac...

CARTOGRAFÍA DEL VACIO

 Hay días en los que la existencia pesa más que el cuerpo. No es el cansancio de quien ha corrido demasiado, sino el de quien ha despertado demasiadas veces con la misma pregunta: ¿cómo se sigue cuando el alma parece haber olvidado el camino? La vida continúa afuera. Los relojes no se detienen, las personas ríen, los árboles siguen creciendo con una paciencia que parece burlarse de quien ya no encuentra fuerzas para levantar la mirada. Y, mientras tanto, por dentro, todo es un cuarto silencioso donde hasta respirar parece un acto demasiado grande. No es que odie el mundo. Es que duele habitarlo. Duele sostener expectativas, cargar recuerdos, imaginar futuros que no consiguen despertar ilusión. Duele existir cuando cada día parece pedir un esfuerzo que nadie alcanza a ver. Hay heridas que no sangran. Se esconden detrás de una sonrisa educada, de un "estoy bien" pronunciado casi por costumbre. Son grietas diminutas que, con el tiempo, aprenden a convivir con uno hasta que dejan...

EL PESO DE EXISTIR.

  Hay un cansancio del que casi nadie habla: el de aprender a conformarse con migajas emocionales por haber confundido el amor con la capacidad de aguantar. Durante tanto tiempo di prioridad a los demás con la esperanza de ser suficiente, de no incomodar, de merecer un lugar. Aprendí a callar mis necesidades para que otros no tuvieran que cargar con ellas. Creí que amar era resistir, esperar, justificar y permanecer, incluso cuando yo me iba desvaneciendo. Al final, muchas de las cosas que conocí me enseñaron a doler antes que a sentirme querida. Y aunque aún anhelo que alguien decida quedarse, no sé cómo permitirlo. Hay una parte de mí que teme que, si alguien se acerca demasiado, termine encontrando el mismo vacío que yo siento. No porque no quiera ser amada, sino porque hace mucho dejé de sentirme capaz de creer que alguien pueda hacerlo sin que yo tenga que sacrificarme para merecerlo. Quizá el mayor cansancio no sea estar sola. Quizá sea no recordar cómo se siente descansar en...