“Tenía 8 años y ya me sentía sola. Nadie debería crecer con tanta tristeza entre los dientes.”
Hay una parte de mí que se quedó detenida en el tiempo. Una niña que aprendió a callar, a aguantar, a hacerse cargo de todo cuando apenas entendía el mundo. A veces me pregunto si ella aún me espera, si sigue escondida en algún rincón de mí, queriendo ser vista. Crecí sin abrazos suficientes, sin una guía suave, sin esa voz que dijera “estoy aquí contigo”. Hoy, mientras escribo esto, me doy cuenta de que he vivido tantos años sin mirarla de frente, como si al olvidarla pudiera dejar de doler. Pero ella sigue ahí. Y quizás hoy sea momento de volver a buscarla, de decirle que ya no está sola.
Carta a mi niña olvidada
Esto es para tí...
No sé por qué he tardado tanto en buscarte, si siempre estuviste ahí, esperando.
Te dejé sola, no porque quisiera, sino porque nadie me enseñó cómo abrazarte mientras todo dolía.
Tuviste que ser fuerte antes de tiempo, tuviste que entender ausencias que ni siquiera los adultos saben explicar.
Te convertiste en silencio, en responsabilidad, en esa niña que no lloraba para no incomodar.
Y yo… seguí creciendo como si olvidarte fuera lo más práctico.
Pero hoy vengo a decirte que ya no quiero seguir ignorándote.
Quiero abrazarte con lo que soy, con lo que me duele, con lo que no sé.
No necesito que seas valiente, ni correcta. Solo quiero que seas niña otra vez, aunque sea un ratito, conmigo.
Te merecías más ternura.
Te merecías tiempo para jugar, reír, equivocarte, llorar sin miedo.
Te veo, te escucho y nadie más sabe el dolor, la confusión, el miedo y la incertidumbre que te causaba crecer sin la idea de lo que significa.
No te sientas culpable, porque no lo eres, solo necesitas abrazarte y darte cuenta que lo has hecho bien y has llegado lejos.
Esta solamente es una etapa del viaje, tienes que aprovechar y simplemente dejarte ser, te has esforzado mucho incluso en los días que no te puedes sostener.

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