Hoy me hablo con honestidad.
Sí, me equivoqué. No tuve el valor de terminar cuando ya no me sentía bien, y eso terminó lastimando a alguien y también a mí. Asumo esa parte sin excusas.
Pero también reconozco algo que me costó ver: yo ya venía doliendo dentro de esa relación.
Me dolía sentirme escondida.
Me dolía no sentirme parte real de su vida.
Me dolía pedir cosas importantes para mí y no ver cambios.
Me dolía sentir que no tenía el lugar que necesitaba.
Me dolía cargar culpas que no eran mías.
Y aunque intenté aguantar, adaptarme y entender, algo en mí se fue apagando poco a poco.
No actué bien después. Busqué sentir algo afuera en lugar de cerrar lo que ya no estaba bien. Y eso es algo que no quiero repetir.
Pero tampoco voy a ignorar que yo también necesitaba más de lo que estaba recibiendo.
Hoy entiendo que no todo fue mi culpa.
Y tampoco todo fue culpa de él.
Simplemente no supimos hacerlo mejor.
Me perdono por no haber tenido el valor en ese momento.
Me responsabilizo de aprender a no volver a quedarme donde ya no soy feliz.
Me comprometo a escucharme antes de que todo explote.
Extrañar no significa que deba volver.
Sentir culpa no significa que deba castigarme.
Y este dolor no define quién soy, solo marca algo que necesito cambiar.
Hoy no busco respuestas en él.
Hoy empiezo a dármelas yo.
Y aunque duela, voy a salir de esto siendo más consciente, más clara y más fuerte conmigo misma.

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